27 de febrero de 2014

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En los años ochenta y principios de los noventa el narcotráfico puso sus pesadas manos en el fútbol. Hubo arreglo de partidos, amenazas, el crimen de un árbitro, secuestros y muchísimo dinero. También competencia entre los Carteles de Cali y de Medellín

También Gonzalo Rodríguez Gacha todos lo conocían por un apodo, El 'Mexicano'. No era azar ni casualidad: el segundo del Cartel de Medellín era un admirador de la cultura azteca. Y a el lo señalan que de ella hablaba con frecuencia. Sólo una cosa le agradaba más: "que Millonarios ganara cada domingo o cualquier día que jugara, sin importar su rival"

El fútbol era su terquedad favorito. Y lo compartía con Pablo Emilio Escobar Gaviría, El Patrón, su socio en el oscuro negocio del narcotraficante

Por allí pasaron varias de las figuras de los días dorados del seleccionado colombiano, los que abrieron las puertas del Mundial de 1990 y hasta los que participaron del Cinco a Cero Monumental. Los dos narcos podían apostar dos o tres millones de dólares por partido con la misma naturalidad que cualquier otra persona pasara por el almacén de la esquina

La siguiente escena sucedió mientras la policía los perseguía a Pablo Escobar y a uno de sus principales sicarios Jhon Jairo Velásquez Vásquez, El Popeye. Ambos estaban armados y acorralados. El Patrón no parecía nervioso, a pesar de la circunstancia. Tenía una radio portátil pegada a un oído. El diálogo sucedió entonces: "-Pope, pope... -Diga, Patrón. -Gol de Colombia"

En ese 1989 de tantos dolores y tantos vértigos, el Atlético Nacional consiguió lo que ningún otro equipo colombiano hasta entonces: ganar la Copa Libertadores. En el ámbito narco la lectura era otra: el deseo que tenían los Rodríguez Orejuela lo cumplió Pablo Escobar. Dirigido por Francisco Maturana, con René Higuita, Andrés Escobar y El Palomo Usuriaga entre sus figuras, se armó para ser campeón

Andrés había tenido un altercado con los hermanos Pedro y Santiago Gallón Henao -los patrones de Muñoz Castro- por aquel gol maldito. Ellos habían sido hombres de Pablo Escobar, a quien traicionaron poco antes de que la policía lo encontrara y lo matara, en 1993. Con El Patrón en la tumba la violencia seguía latiendo. También en el fútbol

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